viernes, 28 de abril de 2017

RESEÑA COMBO (by MH) ::: EL HOMBRE QUE PUDO REINAR - Rudyard Kipling




Título original: The man who would be king
Autor: Rudyard Kipling  
Editorial: Nórdica
Traducción: Enrique Maldonado
Páginas: 104
Fecha de publicación original: 1888
Fecha esta edición: febrero 2016
Encuadernación: cartoné
Precio: 19,50 euros
Ilustración de cubierta e interiores: Fernando Vicente








El hombre que pudo reinar (1888) narra la historia de dos suboficiales británicos en la India que se convierten en reyes de Kafiristán, una parte remota de Afganistán. El relato está inspirado en las hazañas de James Brooke, un inglés que llegó a ser el primer rajá blanco de Sarawak, en Borneo, y en los viajes del aventurero estadounidense Josiah Harlan, a quien le fue concedido el título de Príncipe de Ghor a perpetuidad para él y sus descendientes.

Esta novela corta, considerada una de las mejores de Kipling, ha sido genialmente ilustrada por Fernando Vicente.

Hoy vengo con la segunda reseña combo del blog (libro + adaptación). Me gustaría hacerlas más a menudo, pero ya se sabe... Y lo hago con otro clásico. Si en la primera ocasión el elegido fue Oscar Wilde, hoy lo es Rudyard Kipling.

Dos razones me impulsaron a hacerme con este libro en cuanto lo vi en la librería. Una es precisamente su adaptación cinematográfica, vista en varias ocasiones (visionada nuevamente para hacer esta reseña) y que considero una de las mejores películas de aventuras de todos los tiempos. La segunda es la edición, y por concretar, su ilustrador. Colecciono (y llegué a hacerlo en su momento inconscientemente, aunque ahora mentiría si dijera que no los voy buscando adrede) los libros que ilustra el grandísimo Fernando Vicente. Tengo la suerte de que todos son libros de mi estilo que compraría y leería igualmente, pero con su trabajo en ellos se convierten para mí en joyitas de colección.

Pero de la película os hablaré en su espacio más abajo, y de Fernando Vicente os iré mostrando su trabajo a lo largo de la reseña. Hablemos primero de esta maravilla de novela corta-relato largo que se sacó Kipling de la manga. Intentaré ser breve (no prometo nada).

Estamos en la India de finales del siglo XIX, cuando era colonia del imperio británico y cobijo para hombres tan variopintos como exploradores y aventureros o sinvergüenzas y rufianes. Peachie Carnehan y Daniel Dravot pertenecen a este último grupo; dos canallas británicos, anteriormente suboficiales del ejército, que recorren la India engañando, estafando y sobornando. El narrador los conoce superficialmente al principio de la historia en una anécdota que ya es un fiel reflejo del modo de vida de estos dos caballeros, y no vuelve a saber de ellos hasta que se presentan de improviso en la oficina del periódico en el que trabaja pidiéndole mapas, atlas e información: han decidido que la India se les queda pequeña, que ya han hecho todo lo que podían hacer en ella, y que ahora quieren ser reyes... reyes de verdad por derecho propio, con un reino, súbditos, corona. Y la región escogida es Kafiristán, más allá de Afganistán. Tan imposible es resistirse a la ayuda que solicitan que nuestro narrador se la presta y, tras verlos partir en busca de su reino, no vuelve a saber de ellos... hasta un año y medio después, cuando aparece en la misma oficina un despojo apenas humano que dice ser Peachie Carnehan. Y comienza a narrar la historia del hombre que quiso ser rey, que llegó a serlo... uno de los mejores relatos de aventuras que yo he leído nunca.

Peachie y Dan quieren imitar lo que años antes había hecho James Brooke, un inglés que llegó a ser el primer rajá blanco de Sarawak (Borneo) y en quien Kipling se inspiró para esta historia, y que a su vez ejemplifica lo que era el imperio colonial británico y su (gran) opinión sobre sí mismos y sus pretensiones. Podían gobernar allá donde quisieran, tenían derecho a tomar lo que se les antojaba, y los que vivían en aquellas tierras eran unos ignorantes asalvajados que se doblegarían sin cuestión alguna bajo la superioridad del yugo britanico. Pero Kipling no se conforma con esta nada velada crítica, sino que va cambiando las tornas y el tono de la historia, y conforme las ansias de poder se apoderan de uno de los protagonistas, cuando realmente comienza a creerse un dios enviado para gobernar los destinos de esos pueblos y se olvida de los principios que regían en primera instancia su aventura (el contracto inicial), se pierde el tono ligero del principio y la cosa se pone más seria, produciéndose una evolución bastante insospechada para quien no conozca la historia de antemano: se pasa de un tono ligero y picaresco a uno bastante más áspero, pero sin dejar nunca de ser audaz, intrépido y descarado.

La narración en primera persona corre a cargo del periodista inglés, del que jamás sabemos su nombre pero que siempre se ha dado por hecho que es un alter ego del propio Kipling (él mismo trabajó en un periódico en Bombay con un nombre muy parecido al que aparece en el relato), y también resulta evidente que el autor volcó en la historia su pertenencia a la orden masónica, cuyos ritos, espíritu y símbolos subyacen a lo largo de todo el relato (los tres protagonistas son masones), aunque solo se nombra como tal ya en Kafiristán.

Un relato imprescindible sobre todo para quien le guste el género de aventuras. En aquellos tiempos muchos escritores tenían unas vidas y experimentaban unas vivencias que eran maná para la literatura. Kipling era uno de ellos, y se nota en todas y cada una de sus obras.

Termino con la edición. De las ilustraciones de Vicente hay buena muestra tanto en el booktrailer que os adjunto arriba como en las fotografías que adjunto de mi ejemplar (en las fotos he evitado las del final para quien no conozca la historia). Soy muy fan de este señor, y si no fuera por sus ilustraciones esta edición no sería lo mismo... edición que sigue la misma tónica que otros libros ya reseñados de Nórdica por aquí, como La cata, de Roald Dahl. Tapa dura, con lomo de tela roja, y en su interior noventa páginas (veinticinco de ellas correspondiente a ilustraciones) en las que el texto es grande para ocupar el mayor número posible de ellas y darle más empaque. La edición merece muchísimo la pena y es de calidad, como todas las de Nórdica (para regalo es una gozada), son 20 euros muy bien invertidos... pero, como siempre, os aviso: estos relatos duran lo que duran en las manos, no más de un rato. Ya cada cual que decida si se gasta ese dinero en este tipo de edición o en una novela que le dé más horas de lectura.








Título original: The man who would be king
Año: 1975
Duración: 129 minutos
País: Estados Unidos
Director: John Huston
Guión: John Juston, Gladys Hill
Basada en una novela de: Rudyard Kipling

Reparto: Sean Connery, Michael Caine, Cristopher Plummer, Saeed Jaffrey, Shakira Caine, Albert Moses

 
 
 
Danny Dravot y Peachy Carnehan, dos aventureros que viajan a la India en 1880, sobreviven gracias al contrabando de armas y otras mercancías. Un día deciden hacer fortuna en el legendario reino de Kafiristán. Después de un durísimo viaje a través del Himalaya, alcanzan su meta justo a tiempo para hacer uso de su experiencia en el combate y salvar a un pueblo de sus asaltantes.




Sobre la trama no voy a contar nada ya porque está contado todo arriba, y además me he enrollado más de lo que quería así que aquí toca abreviar. Me limitaré a valorar brevemente la película como adaptación. Y lo primero que tengo que decir es que esta película de ese genio llamado John Huston siempre me ha parecido una maravilla si del género de aventuras hablamos, pero una vez leído el relato en el que se basa además tengo que añadir que es una excelente y muy digna interpretación de la historia de Kipling.

La película sigue la misma ruta precisa que el relato con escasas excepciones, como en el trayecto hacia Kafiristán, donde la historia se detiene mucho más, los personajes tienen sus momentos de lucimiento, y es quizás la parte que más se aleja del relato. Sí que hay diferencia en el uso casi abusivo del hecho de que los tres protagonistas sean masones. En el relato es algo que se sobreentiende todol el tiempo pero que solo adquiere nombre y relevancia cuando ya son reyes de Kafiristán. En la película desde el minuto uno lo recalcan, lo dicen, lo repiten... de sutiles nada, y de hecho es un poco excesivo porque parece una oda a esta orden y hasta te dan una descripción que ya quisiera la wiki.

Otra diferencia con la historia escrita es la identidad del periodista. En el relato es un alter ego de Kipling, nunca el mismo Kipling, y de hecho cambia aspectos que podrían ser coincidentes con su propia vida. En la película se dejan de "supuestos" y es el propio Kipling el que hace las funciones del periodista, e incluso en su primera escena en cámara se le ve escribiendo el poema The ballad of Boh Da Thone, que sutilmente ambienta la historia en 1888, año en que fue escrito (al igual que el propio relato que nos ocupa), cosa que nunca sabemos con certeza en el relato.

Sobre los actores qué puedo decir... no se parecen nada físicamente a lo que describe Kipling, pero cualquiera le pone pegas a Sir Michael y Sir Sean. Y aunque para mi gusto Caine es el que se luce en la película y sobresale muy por encima de Connery (soy muy de Caine en cualquier cosa que hace, lo admito), los dos están fantásticos: Connery como Daniel Dravot, que comienza como un sinvergüenza aventurero que se las sabe todas y poco a poco se le empieza a subir a la cabeza lo de ser rey, y Caine como Peachey Carnehan que, aunque al comienzo representa el mismo arquetipo vividor y canalla que Dravot, a diferencia de él mantiene los pies en la tierra y es muy consciente de la precariedad de la situación en la que están. Es su amistad incondicional la que hace que decida permanecer junto a Dravot a pesar de las consecuencias que vaticina, y los dos actores protagonizan una escena hacia el final (todo aquel que haya visto la película sabrá seguro a cuál me refiero porque es LA escena) que simple y llanamente multiplica por cien (para mejor) la escrita por Kipling. Memorable. No entro más en detalles porque os estaría estropeando tanto la película como el relato.

Diría más cosas pero si habéis llegado hasta aquí será milagro y no quiero tentar a la suerte. Termino con lo dicho al principio, brillante cine de aventuras con unos soberbios protagonistas. De esos clásicos que hay que ver sí o sí al menos una vez en la vida.


Rudyard Kipling (1865-1936). Narrador y poeta inglés, controvertido por sus ideas imperialistas y uno de los más grandes cuentistas de la lengua inglesa. Pertenecía a una familia de origen inglés (su padre, John Lockwood Kipling, era pintor y superintendente del Museo de Lahore), y pasó en la India los primeros tiempos de su infancia. A los seis años fue enviado a Inglaterra, donde estudió en el United Services College de Westward Ho, en Devonshire, ambiente que luego describió en la novela Las aventuras de Stalky.

De vuelta en 1882 a la India, se dedicó al periodismo en calidad de subdirector de The Lahore Civil and Military Gazette y, después, entre 1887 y 1889, de The Pioneer. En sus relatos, situados en el ambiente de la vida india según podía entenderla un inglés y escritos en un lenguaje directo y vigoroso que recuerda la jerga militar, Kipling reveló un agudo espíritu de observación, capacidad inventiva y una habilidad especial en la descripción de tipos característicos de oficiales y muchachos inspirados en la realidad inmediata. El estilo rápido y escueto, el tono rudo y frecuentemente cínico, y el crudo realismo que recuerda los de St. Crane y Hemingway, ofrecen un sabor de experiencia vivida, con matices de anécdota narrada bajo las tiendas de un campamento de soldados en el curso de las prolongadas veladas nocturnas.

miércoles, 26 de abril de 2017

RESEÑA (by MH) ::: LA TUMBA DEL TEJEDOR - Seumas O'Kelly



Título original: The Weaver's Grave
Autor: Seumas O'Kelly 
Editorial: Sajalín
Traducción: Celia Filipetto
Páginas: 77
Fecha de publicación original1919
Fecha esta edición (2ª)marzo 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 11,50 euros
Ilustración de cubierta: Güido Sender Montes


  

Mortimer Hehir, el tejedor de un pequeño pueblo irlandés, ha muerto, y solo dos ancianos, el picapedrero Cahir Bowes y el fabricante de clavos Meehaul Lynskey, pueden encontrar la tumba de su clan en el lúgubre y ancestral cementerio de Cloon na Morav (el Prado de los Muertos), donde únicamente las familias más antiguas del lugar tienen derecho a ser enterradas. En su tragicómica búsqueda le acompañan dos jóvenes enterradores y la viuda del tejedor, quienes asisten a las continuas trifulcas de los viejos, obcecados en probar su conocimiento del cementerio y, por ende, de la historia de sus inquilinos. Se trata de su última oportunidad de demostrar al mundo su tardía utilidad, aunque sea a costa de enzarzarse en una grotesca farsa con tintes absurdos sin nada que envidiar al humor negro y metafísico de Samuel Beckett o Flann O'Brien. 

Qué feliz soy cuando me encuentro con joyitas de estas en el momento más inesperado. Vuelvo a la carga con una novela corta clásica. No conocía de nada a su autor, solo me dejé llevar por la portada, la sinopsis y lo mucho que prometían las dos cosas envueltas en el papel de regalo del auténtico humor  irlandés que tanto me gusta: socarrón, irónico, amable, surrealista... con un puntillo negro, pero no demasiado oscuro.

Toda la novela en sí es magnífica, pero el segundo capítulo me parece tan soberbio que lo he leído ya no una, ni dos, sino tres veces. Y conforme escribo me dan ganas de volver a leerlo una vez más. Qué socarronería gastaba O'Kelly, y qué bien escribía además. No diré lo que digo siempre sobre los relatos largos-novelas cortas que reseño (que es una gran historia llena de talento y espléndidamente narrada en muy pocas páginas), pero me quedo con las ganas... ah, no, que ya lo he dicho :)

Mortimer Hehir, el tejedor, ha muerto. Es el único del pueblo, junto al tonelero Malachi Roohan, que tiene el privilegio de ser enterrado en Cloon na Morav, el Prado de los Muertos. Este cementerio existe desde los albores del cristianismo en Irlanda, ha visto pasar decenas de siglos ante sus ojos, y el tiempo ha hecho de él un amasijo laberíntico de senderos y tumbas con nombres borrados por la erosión en el que es imposible encontrar nada, porque tampoco existen mapas, planos ni registros de las ubicaciones de las sepulturas. Lo único que está claro es que el derecho de ser enterrado allí está basado en derechos tradicionales que ya no existen, que Mortimer Hehir posee ese derecho, y que hay que encontrar la tumba de su padre, pues ahí debe ser enterrado él. Pero claro, a ver quién es el guapo que la encuentra.
[...] Cahir Bowes, el picapedrero, tan doblado de cadera para arriba que andaba con la espalda horizontal, como los animales. Empuñaba en la mano derecha un bastón que lo sostenía por delante, mientras con la izquierda se sujetaba la chaqueta por detrás, justo por encima de los riñones. Con estas estratagemas conseguía no caerse de bruces al andar. La fuerza magnética de la madre tierra tiraba de la frente de Cahir Bowes, y Cahir Bowes evitaba hasta el final su beso funesto.
Y aquí entran en acción nuestros dos héroes: Meehaul Lynskey, el fabricante de clavos, y Cahir Bowes, el picapedrero, acompañados de los dos sepultureros (gemelos) y de la joven viuda. Estos dos ancianos yacen olvidados de la memoria del mundo desde hace mucho, mucho tiempo, y de repente se reclama su ayuda: tienen que encontrar la tumba de Mortimer, son los únicos lo suficientemente viejos para hacerlo. Y deciden disfrutar de su último minuto de gloria. Ya encontrarán la tumba, ya, que primero van a tomarse su tiempo y a regodearse de la sensación de sentirse otra vez útiles, porque saben que una vez encuentren la tumba, volverán a quedar enterrados en el olvido para no resurgir jamás. Y campan a sus anchas por el cementerio comentando escándalos pasados, señalando tumbas y cotilleando sobre los muertos hasta que los sepultureros se impacientan y les urgen a tomar una decisión, ¿cuál es la tumba del tejedor? Y aquí, aquí, comienza la historia... porque ninguno de los dos tiene ni idea, pero los dos están tan seguros de que la tienen y de que el otro no sabe de lo que habla, que se rompe la armonía. Y entre los dos tercos abuelos empiezan a volar las pullas, el quien sabe más, el quien sabe menos, el "no tienes ni idea", el "por aquí", el "no, por allí", el "ya verás como viene tal del más allá y te da un cucharazo por haberle abierto la tumba", el "acuérdate que aquel día pasó esto y aquello", el "a mí me lo vas a contar, que estaba allí"... os vais haciendo una idea :)

Y de repente tenemos un cambio de tercio y la historia se nos pone profunda, existencialista, se reflexiona sobre la vida, sobre lo que somos, sobre lo que creemos que somos, sobre lo que creemos que vivimos... sin dejar nunca ese tono irónico, amable... y hasta tenemos tiempo para un poco de romance antes de volver a Meehaul y Cahir y averiguar si encuentran la tumba de Mortimer antes de hacer una auténtica escabechina en el cementerio abriendo y cerrando las tumbas equivocadas. Todo en unas 70 páginas.
Fíjate bien, Nan, fíjate bien lo que te digo del tejedor. Su vida fue un sueño y su muerte es un sueño. Y su viuda, que está aquí, es un sueño. Y el mundo entero es un sueño. ¿Me oyes, Nan, lo que te digo, que este mundo no es más que un sueño? 
No debo contar más. Si os gustan las novelas cortas, os encantará. Si os gustan las novelas cortas amables con fino sentido del humor, os apasionará. Si os gustan las novelas cortas amables con fino sentido del humor que describan la idiosincrasia del espíritu irlandés, ya podéis hacerle sitio de honor en la estantería. Me ha encantado la prosa de Seumas O'Kelly, lo bonito que hace lo sencillo, lo elegantemente que describe la realidad y lo conciso que narra aquello que otros necesitarían páginas para desarrollar.

Esta edición que os muestro es la segunda de la novela, editada con 6 o 7 años de diferencia con respecto a la primera. Felicito a Sajalín por el cambio de la ilustración de la cubierta para esta segunda edición, que es una auténtica maravilla y mucho más bonita que la primera. Pongo muestras, y cierro reseña, que aún soy capaz de enrollarme otro párrafo más :)
 


Seumas O'Kelly (Loughrea, 1881 - Dublín, 1918) fue un destacado periodista, dramaturgo, poeta y escritor irlandés. Compañero de James Joyce en el University College de Dublín, escribió varias obras de teatro, dos novelas y cuatro libros de relatos. 

Falleció prematuramente a los 38 años de una hemorragia cerebral a raíz de una disputa con un grupo de soldados británicos que irrumpieron en la redacción del periódico Nationality, del que era editor jefe. 

Su obra maestra, La tumba del tejedor, publicada póstumamente en 1919, está presente en la mayoría de antologías de literatura irlandesa. 

Del mismo autor, Sajalín editores ha publicado el libro de relatos Al borde del camino.