lunes, 23 de abril de 2018

RESEÑA (by MH) ::: PICNIC EN HANGING ROCK - Joan Lindsay




Título original: Picnic at Hanging Rock
Autora: Joan Lindsay 
Editorial: Impedimenta
Traducción: Pilar Adón 
Prólogo: Miguel Cane 
Páginas: 320
Fecha publicación original: 1967
Fecha esta edición: octubre 2010
Encuadernación: rústica con sobrecubierta
Precio: 21,95 euros 
Ilustración de cubierta: Plectranthus barbatus (Dorling Kindersley)
 
Febrero de 1900. Un grupo de alumnas del selecto colegio Appleyard para señoritas se dispone a celebrar un picnic el día de San Valentín. Lo que empieza siendo una inocente comida campestre se torna en tragedia cuando tres niñas y una profesora desaparecen misteriosamente entre los recovecos de Hanging Rock, un imponente conjunto de rocas rodeado de la salvaje y asfixiante vegetación australiana. La única chica que logra regresar, presa de la histeria, no recuerda nada de lo sucedido.

Considerada una de las más desazonantes novelas de culto de la literatura anglosajona, Picnic en Hanging Rock dio lugar a una aclamadísima película de Peter Weir, que contribuyó a incrementar el éxito de una obra ya mítica. Jamás se reveló si los hechos narrados fueron reales o no, y ese ambiguo e intrigante juego alentó la aparición de una legión de seguidores que afirmaban conocer lo ocurrido aquel aciago día de San Valentín en el sobrecogedor paisaje de Hanging Rock.

Lo primero es lo primero, no vaya a ser que quede segundo y se enfade (qué chispa xD)... ¡¡FELIZ DÍA DEL LIBRO!! (yo soy de las que opina que día del libro son todos los días, pero ya sabéis... xD)

Al tajo. Esta novela que hoy os traigo está considerada la primera novela de culto australiana, un clásico contemporáneo escrito en los años 60 con tintes que retrotraen a muchas décadas antes, solo que ambientada en la Australia agreste en lugar de la campiña británica. Llevaba en la estantería también otros cuantos años, pero me daba miedo que me decepcionase un poco y lo he ido posponiendo una y otra vez (por aquello de las expectativas). Por fin me he decidido a leerlo en mi cruzada (perdida de antemano) por disminuir los pendientes de la estantería. Allá vamos.

Es el día de San Valentín de 1900, en Australia están en pleno verano, y las alumnas del internado Appleyard, junto a dos profesoras, se marchan a pasar un día de picnic en el paraje volcánico y rocoso de Hanging Rock. Después de comer, cuatro de las jovencitas (Miranda, Edith, Marion e Irma) van a dar un paseo; las demás se quedan dormitando en el área reservada para hacer picnic. La comitiva tiene previsto su regreso a las 8 de la tarde, pero dan las 9, las 10, las 10:30, y nadie vuelve a Appleyard. Cuando por fin regresan, les acompaña la tragedia: de las cuatro muchachas que fueron a dar el paseo, solo ha vuelto Edith presa de la histeria y sin recordar absolutamente nada. Además, y de manera incomprensible, también ha desaparecido una de las profesoras, Greta; estaba con todo el grupo durante la siesta, y de repente ya no estaba. Llegan tan tarde porque han estado buscándolas durante horas sin ser capaces de encontrarlas. Como es de suponer, en un internado para señoritas donde el prestigio y la confianza que depositan los padres en la institución lo es todo, se avecinan muy malos tiempos, y las consecuencias serán nefastas.

Podría parecer que esta novela va de esclarecer la desaparición de las tres chicas y  su profesora, pero no es realmente así. Se investiga durante un tiempo, incluso aparece algún informe policial en las páginas, pero ante la falta de pistas esa parte de la trama se diluye por completo y es entonces cuando la autora se mete a fondo en lo que realmente quiere contar: las consecuencias. Porque de eso va la novela a pesar de todo el artificio que la rodea: del efecto que produce la desaparición en todos los que estaban relacionados de algún modo con estas cuatro personas.

Así, somos testigos del derrumbe del prestigio del colegio, de cómo ve la directora desmoronarse su mundo, de cómo los padres empiezan a perder la confianza, de la situación en que quedan el resto de niñas del internado, de cómo les afecta la situación tanto a ellas como a las restantes profesoras o los empleados del internado... y además entran en escena dos chicos jóvenes, Mike y Albert, pero sobre su papel en la trama prefiero no contaros nada, porque a poco que os contase sobre qué pintan en la historia, os desvelaría algo que ni en la sinopsis, con buen juicio, se dice.


¿Cuál es el punto fuerte de la novela? La atmósfera. Lindsay impregna la narración desde el principio de un tono sugerente, gótico, misterioso... se paran todos los relojes a las 12 del mediodía cuando llegan a la zona de picnic, las rocas parece que atrapan en un sueño a las muchachas antes de que desaparezcan... mientras lees te parece estar escuchando a esas rocas murmurar, susurrar y encantar mientras atraen más y más a las alumnas de Appleyard hasta su perdición. La autora quiere que dudes todo el tiempo sobre lo que ha pasado, si algún elemento sobrenatural ha tomado parte, si lo que ha ocurrido es racional, si tiene alguna explicación o su razón está más allá de lo factible. Y en medio de todo eso una de las alumas desaparecidas, Miranda, y la obsesión que provoca en la gente. Muchas de las cosas que ocurren, pasadas las semanas y los meses, giran en torno a ella. De esas personas hermosas y etéreas que hacen que otras personas no puedan dejar de pensar en ellas.

Así que estamos ante un libro de intriga psicológica narrado de un modo preciosista, muy aferrado a la naturaleza, tanto que a veces te da la sensación de que puedes oler la flores y escarpar las rocas o sentir el calor estival. Y en medio de esa prosa tan sensorial, personajes que se sienten casi tan perdidos como las desaparecidas aun durmiendo cada noche en su cama, tensión contenida y latente en busca de la mínima chispa que le haga explotar, miedo ante lo ocurrido, desconcierto, obsesión... y todo envuelto en un fino papel de regalo sugestivo, envolvente y evocador que te atrapa desde el primer momento, que te hace preguntarte las mismas cosas que ellos se preguntan, y te hacen pasar una página tras otra a la espera de que se resuelva el misterio de la desaparición entre las volcánicas rocas de Hanging Rock.

Y aquí es donde me gustaría cortar la reseña y decir que me ha parecido todo estupendo... pero no. Creo que sigo sin perdonar el final, y lo leí hace ya un par de meses por lo menos.

Hasta ese momento me estaba pareciendo (me parece porque lo es, de veras) un libro fantástico. Pero estoy muy peleada con ese final. Me parece muy comodón por parte de la autora. Devoré el libro esperando algo que al final, para mi sorpresa, no encontré. Soy muy consciente de que probablemente solo se trata de una preferencia personal, y sé que hay entusiastas de la novela, pero ya pueden venir a decirme que ese final es ambiguo, y maravilloso, y que en esa ambigüedad radica la magia de la historia, y hasta me pueden decir a qué huelen las nubes, que no... es muy comodón.

A mí me gustan los finales ambiguos, adoro libros que tienen finales ambiguos, pero este final no es ambiguo: su resolución no da pie a diversas interpretaciones, porque eso es lo que menos le interesaba a la autora. Así que lo que iba a ser una lectura de 5 estrellas se ha quedado en 4 y porque el resto del libro me ha gustado mucho y me da cosa bajarle más la puntuación, pero por ganas no ha sido al cerrar el libro, porque a punto estuve de buscar las páginas que faltaban debajo de la cama. Comparto la opinión de su legión de admiradores hasta cierto punto. Es más, voy con ellos de la mano hasta cierto punto. Les acompaño. Pero más allá de ese punto que no cuenten conmigo, que yo me siento en un banco y espero a que vuelvan, porque ese final no lo compro. No os puedo decir más y mirad que lo siento, porque es de esos libros que dan para debatir largo y tendido

A poco que investiguéis un poco, veréis la parafernalia que hay montada alrededor de esta novela. Hanging Rock, el verdadero Hanging Rock, sigue siendo un lugar turístico y de peregrinación, décadas después, para los lectores del libro. Hay incluso rutas a través de las rocas siguiendo el camino que supuestamente siguieron Miranda, Marion, Irma y Edith. Desde luego si algo hay que reconocerle a Joan Lindsay es que, de haber nacido en nuestra época, sería una auténtica gurú del markéting. Comenzaron a preguntarle si estaba basado en una historia real y se le encendió la bombilla. Entretejió todo un halo de misterio alrededor de la desaparición de estas jovencitas, negándose durante toda su vida a desvelar si era un suceso real o no, y el halo de misterio creció y creció... hasta hoy día, donde permanece intacto. Huelga decir que no hay ni un solo papel ni documento oficial que hable siquiera remotamente de que algo así ocurrió en realidad. Lo que se narra en Picnic en Hanging Rock es, simple y llanamente, ficción. Pero aun así, todavía hay gente que cree que aquello ocurrió de verdad, que sigue planteando teorías a cada cual más extraviá, y que va a las rocas buscando vaya usted a saber qué. Hay gente pa'tó, como en la cola del súper xD.

Volviendo al libro y para terminar. Si me preguntáis si os lo recomiendo, os diré que sí, sin lugar a dudas. Pero si me preguntáis si lo considero un poco sobrevalorado, os diré que también, y esto intento decirlo con la boca pequeña porque no quiero que una cosa tape a la otra, no sería justo para la novela. Es un muy buen libro y una muy buena lectura, quien lo lea lo disfrutará mucho, solo que a mí me ha decepcionado la resolución del libro, esperaba otra cosa... o siendo precisa, esperaba más. Han sido muchos años leyendo lo de obra maestra, y el final me ha pillado con el pie cambiado. Opinión personal, como la de cualquiera que da su punto de vista, pero para eso estamos aquí :) 

Ah, para cinéfilos/seriéfilos como yo, hay dos adaptaciones de esta novela. Una es la película del mismo nombre dirigida por Peter Weir en 1975, y otra se avecina en formato miniserie y se estrena a la de ya, el próximo 6 de mayo. Os dejo tráiler de las dos.

 



Joan Lindsay (de soltera Weigall) nació en 1896 en St. Kilda East, Victoria, Australia. Era descendiente de la familia Boyd, puede que la más famosa y prolífica dinastía artística de Australia.
De 1916 a 1919 estudió pintura en la National Gallery School de Melbourne, e incluso llegó a exponer como pintora. Se casó con Daryl Lindsay, vástago de una importante familia de artistas y escritores ingleses, el día de San Valentín de 1922, en Londres. Día que, precisamente, sería el elegido por Joan Lindsay para situar los hechos de su novela más célebre, Picnic en Hanging Rock. El matrimonio se instaló en Australia, donde Joan Lindsay se dedicaría a la pintura, hasta que, tras la Gran Depresión, Daryl fue contratado como director de la National Gallery de Victoria. En 1956, fue nombrado caballero del Imperio Británico. Aunque la primera novela de Joan, Through Darkest Pondelayo, una sátira sobre los turistas ingleses, fue publicada en 1936, no sería hasta el año 1962 cuando viera la luz su primera obra reseñable, Time Without Clocks, un texto de fuerte contenido autobiográfico en el que retrató los primeros años de su vida de casada.

El auténtico éxito le llegaría, no obstante, con Picnic en Hanging Rock (1967), que automáticamente le reportó fama mundial, y que se convertiría por derecho propio en una de las más reseñables novelas de culto de la literatura australiana. Ambientada en 1900, narra la historia de la desaparición de unas niñas y su institutriz durante una excursión realizada el día de San Valentín. Parte del éxito de la novela se basó en que la autora nunca desveló si lo narrado fue un hecho real o no. La extraordinaria repercusión de la obra persiguió a Lindsay hasta el día de su muerte, y constituyó un antes y un después en la historia de la literatura australiana del siglo xx. Fue adaptada al cine en 1975 por un joven Peter Weir, y traducida a varios idiomas. 

Joan Lindsay murió por causas naturales en Melbourne, en 1984.

viernes, 20 de abril de 2018

GANADOR ::: SORTEO "7LR (SIETE LÁGRIMAS ROJAS)"

¡Hola a todos!

Este pasado miércoles a las 0:00 horas terminó el plazo para participar en el sorteo de un ejemplar de 7LR (SIETE LÁGRIMAS ROJAS), así que sin más dilación vamos con el nombre del ganador.


Muchísimas gracias a todos por participar y a Juan Miguel por el ejemplar :)



¡Enhorabuena!
 

Tienes 48 horas para reclamar tu premio. Mándanos un email con tus datos a lasinquilinasdenetherfield@gmail.com, que en cuanto los tengamos le pasamos toda la info a Juan Miguel, que será el encargado de realizar el envío.

Lo dicho, mil gracias a todos por participar, y hasta próximos sorteos :)

miércoles, 18 de abril de 2018

RESEÑA (by MB) ::: CRIMEN EN LA POSADA «ARCA DE NOÉ» - Molly Thynne



Título original: The crime at the Noah's Ark 
Autora: Molly Thynne
Editorial: dÉpoca
Traducción: Rosa Sahuquillo y Susanna González
Introducción: Juan Mari Barasorda
Páginas: 304
Fecha publicación original:  1931
Fecha esta edición: marzo 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18,90 euros
Ilustración de cubierta: Art-Gôut (1932)
Ilustraciones interiores: Clarence F. Underwood y Collier's
 
Un grupo de personas que se dirigían a un lujoso lugar de vacaciones se ven forzadas a tomar alojamiento en la posada «Arca de Noé» debido a una intensa nevada. En la hospedería en la que se ven aislados compartirán estancia con el doctor Constantine, un astuto maestro de ajedrez y brillante detective aficionado. Entre los demás huéspedes encontramos al exitoso novelista Angus Stuart, la aristocrática familia Romsey, un par de viejas solteronas, un viajante de comercio, un joven y apuesto bailarín y un incontrolable comandante cuya afición a la bebida le lleva a intentar sobrepasarse con alguna de sus bellas compañeras de «encierro».

Así las cosas, uno de los huéspedes aparece muerto en su cama, y el doctor Constantine, ayudado por dos de los hospedados, se verá forzado a investigar este brillante misterio antes de que el asesino logre huir o alguien más aparezca asesinado.

Cómo decirlo para ser justa y a la vez no repetirme...  Crimen en la posada "Arca de Noé" es ese tipo de libro que sabes que no te va a defraudar. Una vez que lo tienes en las manos, el gusanillo lector empieza a desperezarse y a vibrar de pura emoción. 

Soy una incondicional del género de misterio, y la Golden Age supone esa fuente inagotable de novelas que me sorprenden, admiran y, sobre todo me abren la mente a otras que ya he leído y recuerdo por reminiscencias o alusiones. Cuando crees que hay pocas cosas nuevas bajo el Sol, entonces llega dÉpoca y regala a los lectores una joya preciosa como es Crimen en la posada "Arca de Noé"... Digo preciosa por su cuidada edición, por la ilustración Art-Gôut de la portada y las maravillosas ilustraciones originales de Clarence F. Underwood y Collier´s. Todo ello se percibe en el momento en que cae en tus manos.

Cuando nos metemos en su historia, nuestra alegría, lejos de decaer, empieza a colorearse con los tonos que Molly Thynne pincela para la novela. Así, vemos como la autora construye una trama coral donde todos los personajes tienen importancia y protagonismo en algún momento de la historia. Aunque son muchos y diversos, todos son necesarios para que el misterio surja e irrumpa con muchas piezas aparentemente inconexas que en algunos casos quizás abrumen, aunque a mí me ha ocurrido lo contrario: me encanta que me manejen y me enreden en las vidas de todos ellos, en sus causas y en sus procederes. Reconozco que no me ha resultado un libro complejo, sino que conforme se presentaban los personajes los iba integrando en la historia de una manera natural.

Para que lo anterior pueda ocurrir solo se necesita una gran nevada, una posada y un crimen... lo que viene llamándose un crimen en una habitación cerrada, donde las probabilidades son muchas pero los autores que las plantean, limitados. Y nuestra maravillosa posada es lo suficientemente grande y acogedora como para resguardar a todo tipo de personajes pertenecientes a clases sociales muy diferentes, lo que hace que las posibilidades se multipliquen porque al final cada uno es de su padre y de su madre. Y eso sin olvidarnos de que la novela se publicó en 1931, y en ella se perfilan muy bien las costumbres y cotidianidades de la epoca, así como sus distintas clases sociales con sus típicas idiosincrasias.

El bueno del señor Girling (dueño de la posada "Arca de Noé") ni soñaba lo mucho que podía beneficiarle la gran nevada, que impidió a la mayoría de sus helados huéspedes llegar a Redsands, su primer destino para pasar la Navidad. Las circunstancias son las que son y, así, todos irán recalando en su posada y ocupando las diferentes habitaciones, al tiempo que él salva la temporada navideña. A grandes males, grandes remedios, y nuestro buen posadero ofrece cobijo y refugio a nobles, millonarios, escritores, comerciantes, jugadores de ajedrez, soldados, solteronas, militares, bailarines, chóferes, doncellas, etc. El "Arca de Noé" se convertirá en una especie de microuniverso aislado donde nada ni nadie es lo que parece: el diablo siempre anda suelto y todo está por ocurrir y suceder.

Algunas circunstancias las vemos venir porque Molly Thynne nos las adelanta, como ocurre con el robo de las joyas: a la buena señora solo le falta ponérselas en las manos al ladrón o ladrona. Una vez que se dan las circunstancias precisas, se produce el robo y se desencadenan todas las situaciones posibles, siempre acompasadas con la gran nevada. Así, cuando más nieve hay, la novela alcanza su cenit, se resuelve de la manera más sorpresiva, y solo entonces, el mal tiempo comienza a amainar.

A mi juicio el papel de detective no se concentra en una sola persona, porque aunque pueda parecer que el doctor Luke Constantine es lo más cercano al prototipo de detective de la Golden Age, la mayor parte del tiempo trabaja en la sombra, repartiendo su papel entre el escritor Angus Stuart y el comerciante Soames, que son quienes participan en casi todas las pesquisas llegando a conclusiones más o menos erróneas. Es verdad, que el dr. Constantine es el que de alguna manera lidera la operación, pero hasta que no llegas a las conclusiones finales no descubres que es el peso pesado de la trama. Solo entonces el lector participará de todos los hechos a través de Stuart, que es quien nos acompaña a lo largo de toda la narración, desde el principio hasta el final.

La lectura de Crimen en la posada "Arca de Noé" me ha resultado de lo más placentera. He disfrutado de todo: de la ambientación costumbrista, de los diferentes personajes y de sus reacciones. La trama, narrada de una manera ágil y sencilla, hace que te involucres desde el primer momento en la historia, incluso con los giros argumentales que te llevan y traen a lo largo de la lectura, impidiéndote apartarte de ella.

Concluyendo, solo me queda dar gracias infinitas a la editorial dÉpoca por su maravilloso trabajo, dedicación y mimo. Por traernos joyas como estas, descubrirnos tesoros, recordar lo bueno y lo mucho enterrado, injustamente, en el olvido. En fin, gracias por existir, sé que es muy difícil en los tiempos que corren compaginar la calidad con lo comercial.



Molly Thynne (1881-1950) Reconocida escritora inglesa de novelas de misterio —injustamente olvidada en la actualidad— que publicó seis obras de ficción criminal durante la Golden Age —siendo esta que nos ocupa la primera en la que aparece su brillante detective aficionado, el doctor Constantine—, y por cuya temática fue a menudo comparada con Agatha Christie.

La totalidad de su obra permanecía inédita en castellano.

lunes, 16 de abril de 2018

RESEÑA (by MH) ::: LOS HOMBRES DE WILMET - Barbara Pym




Título original: A glass of blessings
Autora: Barbara Pym
Editorial: Lumen
Traducción: Ana Mata Buil 
Páginas: 350
Fecha publicación original: 1958
Fecha esta edición: marzo 2010
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: Descatalogado
Ilustración de cubierta: @Jessie Boswell
Cumplidos los treinta, la seducción es también un ejercicio de voluntad, y casi cualquier mujer agradece el cumplido de un hombre que casi no conoce. Eso es el caso de Wilmet Forsyth, casada con Rodney, un funcionario más pendiente de su trabajo que de su esposa. Esa señora alta y distinguida, que ama los trajes color café y los collares de coral, lleva una vida de lo más convencional, confortable y, ante todo, aburrida: va de compras, asiste regularmente a la iglesia y pasa más tiempo con su suegra que con su marido. Para entretenerse, decide asistir a las clases de portugués que imparte Piers Longridge, el hermano de una de sus mejores amigas. Justo cuando el profesor comienza a flirtear con ella, el marido de su amiga también decide citarla y dedicarle todo tipo de halagos. Un tanto sorprendida, Wilmet acepta el juego de ambos y empieza a fantasear con la posibilidad de un romance extramatrimonial, pero más allá de un par de paseos y de alguna llamada telefónica, nada parece concretarse. Finalmente, un buen día otro hombre aparece en el horizonte... Algo ha cambiado, así que Wilmet vuelve a su vida matrimonial con un entusiasmo renovado y sin renunciar nunca a esa discreta perversión que viste a las damas en los momentos de apuro.

Como suele suceder con las novelas de Barbara Pym, la trama es un simple andamio que sirve para que la autora de rienda suelta a su ironía, a su sentido del humor, a su finura para criticar las costumbres de la burguesía inglesa. De ahí que la crítica la valore como la Jane Austen del siglo XX y que sus novelas, olvidadas durante un tiempo, vuelvan a triunfar en toda Europa.

"Cada frase de Los hombres de Wilmet es un placer que hay que paladear con calma." Washington Post

La fiebre Pym ha llegado a nuestras vidas en forma de huracán gracias a la editorial Gatopardo (se avecina nuevo libro en nada de nada y la impaciencia me puede), pero pocos lectores recuerdan que hace unos años otra editorial, Lumen, hizo el primer intento de recuperar a esta escritora. Les duró poco la intención porque solamente sacaron dos libros, pero existir existen, aunque a día de hoy son más difíciles de encontrar que un hueco libre en mis estanterías xD. Los hombres de Wilmet es uno de ellos, y en unas semanas (o cuando se tercie, mejor no pongo plazos) os traeré el otro, Jane y Prudence. Imagino que si hay alguien interesado en leerlos, siempre quedará la opción del ebook, aunque con el resurgir de esta autora en España bien harían en plantearse reeditarlos, la verdad.

Wilmet Forsyth, de 33 años, es una mujer guapa, elegante y de vida acomodada, pero que vive su vida de una manera bastante anodina. Salvo sus visitas regulares a la iglesia y alguna actividad relacionada con ella, poco más hace en la vida: ni tiene necesidad ni la predisposición para hacerlo. Casada con Rodney (funcionario de un ministerio desconocido que nunca se nombra), de su matrimonio se desprende la rutina más absoluta sin un atisbo de pasión; con ellos vive Sybil, la madre de Rodney (realmente la casa es suya, son ellos los que viven "de prestado"), que es quien se hace cargo por completo de las riendas del hogar; no tiene hijos ni realmente se arrepiente de no haberlos tenido; le habría gustado en algún momento trabajar a media jornada, pero su marido es de los que piensa que si no hace falta para la economía familiar, como es el caso, ¿para qué?... Así las cosas, cuando en la vida de Wilmet aparecen un hombre que le hace sentir pajaritos y mariposas en el estómago como cuando era una quinceañera, cuando se siente admirada y objeto de atención, se abandona a esos pensamientos y al flirteo, al que tampoco da mayor importancia... casados o no, todo el mundo lo hace, ¿verdad?

Narrada en primera persona por Wilmet, la historia es totalmente pymenita... y aun así difiere en un aspecto crucial con los otros dos libros que he leído de esta autora: el personaje femenino protagonista. Wilmet Forsyth es una estupenda narradora de la historia y una excelente protagonista de lo que se cuenta en ella, pero se aleja mucho de otros roles protagonistas de Pym. Es demasiado vaga, ociosa y perezosa para ser una mujer excelente, como sí lo eran Mildred (Mujeres excelentes) y Dulcie (Amor no correspondido). De vez en cuando se le pasa por la cabeza que debería hacer más cosas o ser mejor persona, pero le dura el pensamiento dos segundos. Se está mejor sin hacer nada, claro. 

Su vida es tan estéril que ir a donar sangre o aprender la técnica de los centros florales le parece toda una aventura, así que cuando aparecen varios hombres nuevos y solteros en escena, por fin tiene algo en lo que pensar y distraerse. Por un lado se reencuentra con Piers, hermano de su mejor amiga Rowena (atractivo, voluble, misterioso...); por otro llega un nuevo coadjutor a su iglesia, el padre Marius (también muy atractivo, alto, un tanto despreocupado...); y por último se encuentra con que Harry, el marido de su amiga Rowena, empieza a mostrar intenciones insospechadas hacia ella. Con tanto donde elegir, no puede evitarlo y se encapricha de uno de ellos (no os diré de cuál, claro), y empieza a plantearse... cosas. Y no me extraña, porque Rodney, su marido, es una seta y lo más anodino que ha parido madre.

Decía arriba que esta novela era muy pymenita... es que todo lo que caracteriza a esta autora está presente en la historia. Con esa fina y elegante ironía suya (que a veces es más despiadada de lo que parece a primera vista), sacude el polvo de la sociedad británica y expone las manchas en la ropa sucia de los cajones de la burguesía. Te hace sonreír cada dos por tres mientras escarba en lo que cada individuo esconde en su casa, en la falsa imagen que la gente ofrece ante los demás, en la languidez matrimonial y la infidelidad, en el deseo interno de sentirnos admirados... en la frivolidad, la frustración, el interés casi malsano en la vida de los demás y el constante mantenimiento de las apariencias. Para que os hagáis una idea, estamos en un hogar típicamente británico de la alta sociedad con su flema y discreción, donde la señora de la casa recibe llamadas de teléfono de otros hombres a horas intempestivas pero ni el marido ni la suegra son tan "maleducados" como para preguntar quién ha llamado. Moderación y discreción ante todo.

No faltan en la narración elementos comunes de la literatura de Barbara Pym: la iglesia anglicana en sus diversas corrientes (Wilmet pertenece a la anglocatólica, más cercana a los ritos católicos que a los anglicanos); la conciliación entre la vida laboral y la familiar en plenos años 50, cuando el trabajo de la mujer fuera del hogar y su aportación a la economía familiar ya empezaban a estar normalizados; la visión que se tenía de las mujeres trabajadoras y/o intelectuales (las combinación de belleza e inteligencia se consideraba poco atractiva o natural... toma ya); destellos de los vestigios que todavía salpicaban Londres tras los bombardeos sufridos durante la 2ª Guerra Mundial, así como la participación de algunos personajes en ella; la arqueología y el mundo editorial vuelven a tener su hueco como en cada una de las novelas que yo he leído suyas; y el té, siempre el té, como modo de reunir a los ingleses en torno a un punto en común en el que se sienten a salvo en sociedad (no recuerdo haber probado el lapsang que tanto disputa la hegemonía al earl grey en la historia, tengo que ponerle remedio). 

Y luego hay detalles de esos tan... ains, no sé... ¿british? ¿cuquis? (¡no los llaméis cursis, apiadaos de mí!)... como recibir un invitado o invitada en casa y tener por costumbre no solo dejarle libros preparados en la mesita para que los lea durante su estancia, si no que además se piensa en los libros precisos y exactos que le pueden gustar a esa persona. ¿Por qué ya no se hacen estas cosas?

Ah, una inesperada alegría. Al haber leído tan poquitos libros de Pym, no sabía que había conexiones entre ellos, y me ha dado un alegrón del quince leer cómo se nombra varias veces a Rocky Napier o los hermanos Malory (personajes de Mujeres excelentes), o a Prudence Bates, que a pesar de que no lo he leído, sé que es una de las protagonistas de Jane y Prudence, libro que os nombro arriba y que, como digo, os traeré pronto. No son personajes de la novela, da igual haber leído los otros libros o no porque solo se habla de ellos en alguna conversación suelta... pero son guiños de la autora hacia sus lectores: conecta los libros, sus historias y sus mundos, y a mí estas cosas me encantan.

¿Recomendable? Mucho, como todo lo que yo he leído hasta ahora de esta autora. Costumbrismo inglés lleno de ironía, cierta acidez, mucho humor y encanto, y unos personajes fantásticos. El retrato de una época y una sociedad narrados desde el punto de vista de una autora con tanto talento como ingenio. Si algún día leo algo de esta mujer que no esté a la altura creo que tendré que ahogar mis penas en té, pero es que veo tan improbable que algo así ocurra, que lo que único que quiero es leer toda su obra y disfrutarla. La señora Pym es valor seguro.

¡Haced fuerza para que la reediten o salga una nueva edición, que lo merece! xD




Barbara Pym nació en Oswestry, una localidad cerca de la frontera galesa, en 1913. Hacia mediados de los años cincuenta del siglo pasado, la autora publicó las novelas Some Tame Gazelle (195), Mujeres excelentes (1952), Jane y Prudence (1953), Less than angels (1955), Los hombres de Wilmet (1958) y Amor no correspondido (1961).

Tras haber alcanzado la popularidad con estos títulos, durante los años sesenta cayó en el olvido y decidió abandonar la escritura. Solo en 1977, cuando Philip Larkin habló de ella como la nueva Jane Austen, recuperó el apoyo de la crítica y volvió a publicar otras dos novelas: Quartet in Autumn (1977), que fue seleccionada para el Booker Prize, y Murió la dulce paloma (1978). 

Pym murió en Oxford en 1980. Actualmente su obra goza de popularidad tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, y The Times la ha incluido en la lista de los cincuenta mejores autores británicos desde 1945 hasta hoy.

viernes, 13 de abril de 2018

RESEÑA (by MB) ::: LAS AMBICIONES DE JANE FRANKLIN - Alison Alexander



Título original: The Ambitions of Jane Franklin 
Autora: Alison Alexander
Editorial: Casiopea
Traducción: Paula Zumalacarregui 
Páginas: 401
Fecha de publicación: enero 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros 
Ilustración de cubierta: retrato de Jane Franklin, cortesía de la familia Simplinson; Joseph Licett, "Vista del retiro del Gobernador, New Norfolk, tierra de Van Diemen", cortesía del Allport Library y Museum of Fine Arts, Oficina del Archivo y el Patrimonio de Tasmania
 
En una época en que las mujeres se quedaban en casa bordando, Jane Franklin probablemente fue la más grande viajera del momento. Esta biografía nos cuenta la vida de esta mujer inimitable, desde su nacimiento en Londres en 1837, su matrimonio con Sir John Franklin a los 36 años y sus numerosos viajes, incluyendo Rusia, Tierra Santa, el Norte de África, América y Australia. Sir John Franklin fue un capitán de la Royal Navy y explorador del ártico británico. Él y todos los miembros de su expedición murieron en el ártico canadiense mientras pretendían encontrar el Paso del Noroeste. Tras su desaparición, su esposa Lady Jane presionó al Almirantazgo, a la opinión pública y hasta al Presidente de los EE.UU para financiar expediciones para localizarle.
 
Este libro es la traducción de la obra original narrada por la escritora e historiadora australiana Alison Alexander tras varios años de investigación y que ha obtenido destacados premios, entre otros, el National Biography Award 2.014. “La completa y sagaz biografía de una mujer inteligente, vital y de fortaleza mental decidida a trascender las expectativas de su edad y de su clase”, según el jurado de este galardón.

Jane Franklin no es cualquier mujer. Ella representa la esencia de la libertad a la que cualquier persona (hombre o mujer) querría aspirar. Para conocerla debemos quitarle todas las capas que la han impregnado a lo largo de su vida, ya sean sociales o ambientales y, en definitiva, tenemos que descontextualizarla para entender y comprender las razones que motivaron su vida, su inagotable energía y sus indomables espíritu y carácter.

Jane Franklin es ese tipo de mujer que, independientemente de donde naciera o cuales hubieran sido su ambiente y su contexto, habría sabido salir adelante sin renunciar ni una pizca a sus ideales o ambiciones. 

Cuando se habla de ambiciones en una mujer parece que se dice en un sentido peyorativo, pero lejos de la realidad. Jane se midió de igual a igual con hombres más ambiciosos que ella que la criticaban por las mismas cosas que ellos también hacían. Pero eso no la desanimó; más bien al contrario, porque supo sumar todas las experiencias y derrotas que sufrió injustamente por ser mujer para amortizarlas después y sacar los frutos que quiso.

Así, si alguien supo adaptarse a lo que se esperaba de ella por su condición femenina, esa fue Jane Franklin, y encima de no renunciar a ninguno de sus sueños, deslumbró por su inteligencia y rentabilizó todas las experiencias, ya fueran positivas o negativas, sin dejar de ser ella misma.

Volviendo a contextualizar Las ambiciones de Jane Franklin, descubrimos en sus páginas que esta gran mujer nació a finales del siglo XVIII (en el año 1791) y murió a los 84 años. Tuvo una larga vida... o más correcto sería decir que su vida fue esplendida, una vida vivida. Eligió todos sus momentos y situaciones en una época en la que esa elección no existía para las mujeres.

Se casó cuando quiso y con quien le convenía, y no tuvo hijos porque así lo decidió. Entre otras mucha cosas, se dedicó a su gran pasión, viajar, viajar y viajar, pudiendo conocer y visitar todas las tierras descubiertas en los cinco distintos continentes. Todos estos lugares, con sus diferentes gentes, sus contrastes y sus distintas idiosincrasias, pasaron por sus pupilas y, como ella misma decía, ni su frágil salud ni la pereza eran excusa para no hacer lo que realmente quería en el momento en que lo decidía.

En la reseña no voy a entrar en los hechos concretos de su vida, sería como desvelar o revelar lo que debe ser descubierto por el lector a través de cada de página... como espoilear y direccionar las opiniones que cada cual pueda tener.

Para mí, Jane Franklin ha supuesto esa bocanada de aire fresco, primigenio y original con el que nacemos cada ser humano. Para bien o para mal, su esencia se podía malinterpretar. Pero es de justicia decir que Jane fue siempre Jane: no se doblegó. Más bien al contrario; siempre supo utilizar todo lo que le rodeaba, su contexto, tanto humano como social, para poder ser ella tal y como ella quería ser. Si alguna vez las circunstancias la abrumaban, lejos de deprimirse o utilizarlas como excusa, las sumaba y aprendía de ellas para no dejar de ser nunca Jane Franklin.

Para ir terminando, confieso que este libro es el que me hubiera gustado leer cuando tenía 15 años, pues es tan clarificador como enriquecedor y me habría abierto la mente a muchas cosas. A través de su biografía descubres que siempre hay más: que tú, por ser tú, puedes construir tus sueños, sin renuncias ni excusas. Para Jane las quejas nunca fueron motivo para no hacer al final las cosas que quería hacer.

En definitiva, vivir tu vida. O, como ahora se dice ahora, casi 150 años después,  poder ser tu mejor versión. Y no creo que pudiera haber una mejor versión de Jane Franklin.
 


Alison Alexander (Hobart, Tasmania, 1949) es una de las historiadoras más conocidas de Tasmania.

Es la autora de Tasmania´s Convicts y la editora de The Companion to Tasmanian History.

miércoles, 11 de abril de 2018

RESEÑA (by MH) ::: AGNES GREY - Anne Brontë




Título original: Agnes Grey 
Autora: Anne Brontë
Editorial: Alba (colección Clásica)
Traducción: Menchu Gutiérrez López 
Páginas: 248
Fecha de publicación original: 1847
Fecha esta edición (3ª): abril 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16 euros
Ilustración de cubierta: Detalle de Recordar el pasado (1888, Carlton Alfred Smith)


“¡Qué maravilloso sería convertirse en una institutriz! Salir al mundo... ganar mi propio sustento... ¡Enseñar a madurar a los jóvenes!” 
 
Este es el sueño de la hija de un modesto vicario, un ideal de independencia económica y personal, y de entrega a una noble tarea como la educación. Una vez cumplido, sin embargo, los personajes de este sueño se revelan más bien como monstruos de pesadilla: niños brutales, jovencitas intrigantes y casquivanas, padres grotescos, madres mezquinas e indulgentes... y en medio de todo ello la joven soñadora, tratada poco menos que como una criada. 

Agnes Grey (1847), primera novela de Anne Brontë, es una árida revelación basada en experiencias autobiográficas del precario status, material y moral, de una institutriz victoriana; y constituye a la vez un relato íntimo, casi secreto, de amor y humillación, en el que el “yo más severo” y el “yo más vulnerable” sostiene una dramática batalla bajo lo que la propia heroína define como el “sombrío tinte del mundo inferior, mi propio mundo”.
  

Hoy vengo con otra relectura, pero este es de esos libros que los leería veinte veces de ser necesario. Seguramente os habrá pasado desapercibido, pero tanto en el sorteo del primer aniversario como en el del segundo, hubo un libro de Anne Brontë. En el primero fue esa maravilla llamada La inquilina de Wildfell Hall, y en el segundo y último sorteo fue su otra novela, Agnes Grey, que es mucho más conocida a nivel popular. No habrá más en próximos aniversarios, porque son las dos únicas novelas que Anne tuvo tiempo de escribir. Murió muy joven, jovencísima, como todos los hermanos Brontë, y no le dio tiempo a más, pero fueron suficientes para dejar sobrada muestra de su talento

Os preguntaréis el por qué de incluir siempre un libro de Anne Brontë en los sorteos de aniversario cuando las famosas son sus hermanas. La familia Brontë era una familia con genio... no en cuanto al temperamento (que también y mucho), sino en cuanto a eso que la RAE llama "una capacidad mental extraordinaria para crear". Charlotte, Emily y Anne eran muy distintas entre sí, y es algo que además puede apreciarse en la obra que dejaron como legado. Las historias a las que dieron vida no podrían ser más diferentes, y aun así (casi) todas rozan la genialidad. Pero siempre, desde siempre, una de las hermanas ha quedado injustamente tapada y ensombrecida por las otras dos, y yo, que ya desde pequeña me llamaban en mi casa la "la defensora de los pobres", es la hermana Brontë a la que siempre reivindico cuando me preguntan: Anne, la pequeña Anne.

Agnes Grey es una joven de 19 años que ha vivido siempre excesivamente protegida por su familia. Siendo la pequeña de la casa, tanto sus padres como su hermana Mary le han evitado siempre cualquier esfuerzo o responsabilidad, pero ella siempre ha tenido la inquietud interior de trabajar y de demostrar que puede hacer muchas más cosas de las que su familia cree. Cuando su padre pierde mucho dinero en una inversión por culpa de un mal golpe de fortuna, las apreturas económicas se asientan en el hogar de los Grey, y es entonces cuando Agnes decide, a pesar de la oposición inicial de su familia, llevar a cabo lo que lleva mucho tiempo anhelando: ser institutriz, y así ayudar en lo que pueda a su familia al tiempo que les ahorra su manutención y cuidados.

Agnes nos narra en primera persona su historia, y es a partir de esta situación familiar cuando tenemos dos partes diferenciadas en la narración, que además se corresponden con las dos casas en las que sirve Agnes a lo largo de la lectura. Para su primer trabajo, Agnes parte una mañana hacia la recia mansión de Wellwood, donde le espera la familia Bloomsbury. Allí tendrá que hacerse cargo de la educación de tres de sus cuatro hijos. Agnes confía en sus cualidades, perseverancia y preparación a pesar de su inexperiencia, pero lo cierto es que no está preparada para lo que allí se encuentra ni para las humillaciones de las que será objeto. En su segunda casa, Horton Lodge, donde entra para ser institutriz sobre todo de las dos hijas del matrimonio Murray, aun sin llegar a encontrarse un panorama mucho mejor y sentirse muy sola, surgirán elementos, personas, relaciones y situaciones que harán de su estancia en Horton Lodge una experiencia muy distinta a la de la primera casa.

Esto es una simple introducción a lo que podréis encontrar en el libro, porque no quiero destripar más de lo necesario. Lo cierto es que Anne lo escribió basándose en sus propias experiencias en las casas en las que trabajó como institutriz, así que la novela tiene muchos tintes autobiográficos además de narrar sin extenderse en detalles las tareas que una institutriz debía llevar a cabo. El hecho de que Agnes Grey nos narre sus vivencias en primera persona da más pie a imaginar las semejanzas entre las casas donde trabaja Agnes y aquellas en las que trabajó Anne Brontë, aunque quizás esto sea más acusado en la primera casa que en la segunda, donde ya introduce más elementos ficticios y/o novelados que se alejan en muy determinados aspectos de lo que fue su vida a poco que se conozca sobre ella.

La vida de una institutriz victoriana no era nada fácil, y Anne pasó por muchas situaciones incómodas, humillantes y desesperantes, lidiando con padres incompetentes que malcriaban a sus hijos y menoscababan su autoridad, y niños/adolescentes groseros y consentidos que, sabiendo que tenían vía libre para hacer lo que quisieran ante la negligente mirada de sus padres, hacían insportable su vida e irrealizable su cometido... y nada mejor que escribir una primera novela sobre algo que ella conocía de primera mano. El resultado en Agnes Grey es una novela realista, honesta, narrada de manera lineal y con esa prosa que parece sencilla y que precisamente necesita de mucho talento para mostrarse así de asequible ante el lector. Anne era tan, tan distinta escribiendo a sus hermanas...  Mesurada, contenida, cercana... Agnes Grey nos narra su historia de manera sensata, humilde y sin florituras. Lejos quedan los elementos románticos y góticos que caracterizan a las otras dos Brontë, y eso es algo que me encanta de Anne: que supo tener su propia personalidad para contar sus historias a su manera sin querer seguir la estela de nadie. Ni en Agnes Grey, ni mucho menos en La inquilina de Wildfell Hall, donde metió el dedo en la llaga hablando de un tema del que en aquella época no se hablaba en la literatura y mucho menos de la mano de una mujer (los malos tratos dentro del hogar).

Volviendo a Agnes Grey, este personaje representa el arquetipo de institutriz en aquella época. Muy jóvenes (en ocasiones apenas eran 3 o 4 años mayores que sus propios alumnos), eran señoritas que habían recibido una educación esmerada pero que se veían abocadas a trabajar para aportar dinero a la familia o para exhimirla de su manutención en una época de inestabilidad económica en la que muchas familias de clase media perdieron todos sus ahorros por un motivo u otro. No estaba bien visto que trabajasen en las mismas tareas que cualquier muchacha de clase baja, así que la única salida que tenían era la de entrar a trabajar como institutrices en casas de gente acomodada. Una vez en la casa, su posición dentro de ella tenía límites difusos, porque aunque convivían en muchos casos durante años con la familia, obviamente no pertenecían a ella. Tampoco formaban parte de la servidumbre ordinaria, así que no terminaban de encajar en ninguna parte: los señores de la casa no las trataban como a una igual, y los criados las miraban con malos ojos por estar varios peldaños por encima de ellos. 

En Agnes Grey vemos reflejados todas y cada una de estas particularidades, pero lo que prima sobre todo es el propio personaje de Agnes. Una muchacha sobreprotegida en su casa que sin embargo no tiene miedo a enfrentarse a un mundo del que no ha visto ni conoce nada, y que a pesar de lo mal que lo pasa, de lo mal que la tratan, de lo sola que se encuentra, de la nula vida social que tiene, de que es marginada por aquellos que son superiores a ella socialmente pero no intelectualmente... a pesar de que ella, en alguna página, a sus escasos veintipocos años se pregunta si esa es la única vida que puede esperar y a la que puede aspirar, se muestra fuerte, decidida, valiente, con una moral intachable, inocente e ingenua para algunas cosas pero demostrando a cada momento lo extremadamente bien que se conoce, para lo bueno y lo malo. Jamás pierde pie y siempre se muestra fiel a sí misma.

Agnes Grey es una lectura fantástica y de una calidad indudable, y a quien le den un poco de miedo los tochos clásicos, de entre las dos novelas de Anne es la más asequible sin lugar a dudas, por su narrativa sencilla y sus escasas 250 páginas. De hecho es su novela más famosa. Admito que en eso, por mucho que ame este libro, no puedo estar de acuerdo, porque la novela que le equipara a sus hermanas, la que grita a voces su talla como escritora, lo valiente que era y las muchas excelentes obras que podría habernos regalado de haber tenido tiempo, es su otra novela, La inquilina de Wildfell Hall. Me encantaría poder traeros también este año su reseña, pero la relectura con el trajín que llevo la veo complicada (se intentará, en todo caso).

Sé que estoy abusando de vuestro tiempo y vuestra paciencia, así que lo voy dejando aquí. Cojo lo dicho al principio de la reseña. Siempre, siempre, defenderé el talento de Anne Brontë. Es difícil destacar entre Charlotte y su archiconocida Jane Eyre y Emily y sus turbadoras Cumbres borrascosas, pero nunca, jamás, se debe perder de vista a Anne, porque hacerlo sería un craso error. Y ya que este rinconcillo me permite defender, fangirlear y mostrar mi lado groupie literario, pues eso, que coloco y promociono a Anne subliminalmente donde puedo y como puedo.

Leed Agnes Grey. De verdad. Es una lectura que todo lo que tiene de sencilla en apariencia, lo tiene de incuestionable en calidad narrativa.

Anne, la menor de las hermanas Brontë, nació en 1820 en Thornton (Yorkshire), pocos meses antes de que la familia se trasladara a Haworth, donde su padre, el reverendo Patrick Brontë, había sido nombrado vicario perpetuo. Muerta la madre en 1821, Anne fue educada en familia por su padre y su tía, Elizabeth Branwell, hasta que a los quince años ingresó en Roe Head, la escuela donde su hermana Charlotte era maestra.

Entre 1839 y 1845 fue institutriz en diversas casas, y de su experiencia en este trabajo surgió su primera novela, Agnes Grey, (ALBA CLÁSICA, núm. XIV) que se publicaría en 1847 juntamente con Cumbres borrascosas, de su hermana Emily; un año antes, bajo el seudónimo –que nunca abandonarían– de Acton, Ellis y Currer Bell, las tres hermanas habían conseguido publicar un volumen de Poemas. En 1848, aparecería la segunda y última novela de Anne, La inquilina de Wildfell Hall (ALBA CLÁSICA, núm. XIII). Poco después, en mayo de 1849, murió de tuberculosis en Scarborough.