jueves, 23 de marzo de 2017

RESEÑA (by MB) ::: EL BAILE DE LAS LUCIÉRNAGAS - Kristin Hannah




Título original: Firefly Lane 
Autora: Kristin Hannah 
Editorial: Suma de Letras
Traducción: Laura Vidal
Páginas: 616
Fecha de publicación original: 2009
Fecha esta edición: febrero 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,90 euros
Fotografía y diseño de cubierta: Nicole Wustrack / Cover Kitchen

 

En el caluroso verano de 1974, Kate Mularkey ha decido aceptar su papel de cero a la izquierda en la vida social de su instituto. Hasta que, para su sorpresa, «la chica más guay del mundo» se muda al otro lado de su calle y quiere ser su amiga. Tully Hart parece tenerlo todo: belleza, inteligencia y ambición. No pueden ser más distintas. Kate, destinada a pasar inadvertida, con una familia cariñosa pero que la avergüenza a cada momento, y Tully, envuelta en glamour y misterio aunque poseedora de un secreto que la está destrozando. Contra todo pronóstico, se hacen inseparables y sellan un pacto para ser mejores amigas para siempre.

Durante 30 años se ayudarán mutuamente para mantenerse a flote esquivando las tormentas que amenazan su relación: celos, enfados, dolor, resentimiento... Y creerán que han sobrevivido a todo hasta que una traición las separe... y someta su valor y su amistad a la prueba más dura.


De la autora de El Ruiseñor, El baile de las luciérnagas es la emotiva novela que querrás que lea tu mejor amiga.

Dos amigas.
Un juramento.
Y toda una vida por delante.


"Una vez que el destino lanza tus dados, tu camino queda marcado". Esto es más o menos lo que hace Kristin Hannah en El baile de las luciérnagas a lo largo de casi cuatro décadas y más de seiscientas páginas.

Kate Murlarkey y Tully Hart se conocen en 1974, y a partir de esa fecha sus caminos son líneas paralelas, cercanas pero distintas; unas veces recorren el mismo camino y otras veces se separan para luego volver al mismo recorrido. A través de todos estos años se nos van perfilando dos mujeres muy distintas, con personalidades y cualidades diferentes, pero que el destino de alguna manera ha posicionado en el mismo lugar y en la misma época. Esto les ha permitido fraguar una amistad basada más en las carencias de cada una que en lo que realmente se aportan, porque ninguna de ellas se siente plenamente satisfecha con sus vidas y a lo largo de todos estos años anhelan y envidian lo que tiene la otra. Al mismo tiempo, como "líneas paralelas" que son, ninguna de las dos hace nada ni tampoco se deja influenciar por las experiencias de la otra para llenar esos "huecos vacíos" o para enriquecer sus vidas... en defintiva, para poder salir de los extremos y acercarse a las zonas grises, al equilibrio.

Una, Tully, por las carencias que ha tenido en su infancia, lo que más desea es pertenecer a una familia; se siente profundamente desarraigada, pero al mismo tiempo siempre ha sido libre y ambiciosa, por lo que no consiente en ceder parcelas de su vida y de su tiempo para construir todo lo que anhela de su amiga. Kate es el contrapunto de Tully; siempre ha sido una niña dócil y obediente, con una vida estructurada y una familia que le ha inculcado principios y reglas y que le ha dado una posición de confort; siempre se ha dedicado a ella y, a través de los años, veremos que su elección siempre será su familia, aunque al mismo tiempo también envidia a su amiga por su independencia, brillantez y vida social.

En El baile de las luciérnagas, Kristin Hannah nos pasea por las diferentes décadas con sus distintos ambientes, bandas sonoras, modas, costumbres... todo ello narrado de una manera brillante, ágil y dinámica; en principio conoceremos los años setenta en sus aspectos más reivindicativos y coloristas (la época hippy), y así, a lo largo de seiscientas páginas irán transcurriendo décadas donde la autora, con gran sensibilidad y exquisitez, mantendrá el estilo y la ambientación propias de cada una, hasta llegar a los primeros años del nuevo milenio.

En todos estos años, Tully y Kate crecen y maduran. Somos espectadores de su paso por el instituto, la universidad, sus primeros trabajos, sus grandes decisiones... cada una siempre fiel a su personalidad y su carácter. La amistad las ha unido en todo este tiempo, pero como dos líneas paralelas que recorren un mismo camino: una al lado de la otra, pero al mismo tiempo distantes y diferentes. Tienen vidas distintas en las que, cada vez que miran, se ven reflejadas como espejos, con todas las carencias y aspiraciones. Al mismo tiempo, ninguna de las dos quiere salir de su zona de confort, y no hacen nada para llenar esas lagunas. Pienso que ellas crecen a lo largo del libro, pero su amistad no madura ni evoluciona, permanece igual que cuando la forjaron con 14 años, encorsetada en unos roles tan marcados que ninguna de las dos es capaz de ayudarse ni influenciarse de alguna forma para poder salir de esa rigidez y compartir así esos otros caminos o destinos que tanto anhelan.

Kristin Hannah ha escrito una obra en la que utiliza todos los recursos melodramáticos, tocando temas tan sensibles como el abandono  y desamparo infantil, la violación, la enfermedad... el lector tiene que ser de piedra para no identificarse con alguno de estos temas y que no se le escape durante la lectura alguna lagrimilla (o lagrimón, dependiendo del grado de sensibilidad y conexión que compartas con la novela). Así, la autora va subiendo los tintes melodramáticos de tal manera que al final de la novela, por lo que a mí respecta, te queda un sabor agridulce, donde es muy difícil encontrar la esperanza viendo como una se queda con todo y la otra se queda en nada.

Kristin Hannah nació en 1969 en el sur de California. Aunque estudió Derecho, con la publicación de su primer libro, en 1990, se convirtió en escritora profesional. 

Desde entonces ha ganado numerosos premios y ha publicado 22 novelas de gran éxito, entre ellas el best seller internacional El Ruiseñor.

lunes, 20 de marzo de 2017

RESEÑA (by MH) ::: ACANTILADOS DE HOWTH - David Pérez Vega

 



Título original: Acantilados de Howth 
Autor: David Pérez Vega 
Editorial: Baile del Sol
Páginas: 184
Fecha de publicación: 2010
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 12 euros
Fotografía de cubierta: Sergio Pérez

Howth es un pueblo pesquero situado al norte de la bahía de Dublín. Las vistas que brinda un paseo por sus acantilados han sido descritas por el escritor H. G. Wells como de las más bellas del mundo. Para Ricardo, el narrador de esta historia, Howth supone además el punto de fuga hacía el que con frecuencia se evade su memoria y su nostalgia. Ricardo, doblemente licenciado en Administración y Dirección de Empresas y en CC. Económicas, poeta casi por accidente, llegó a Dublín a punto de cumplir los veinticinco años con la idea de perfeccionar el inglés durante seis meses, sin saber que la ciudad y las personas que iba a conocer allí le atraparían durante más de dos años y medio. Ahora, con treinta años, contable en una empresa del Campo de las Naciones en Madrid, casado, aunque tal vez a punto de divorciarse, reflexiona sobre su vida y su pasado, sobre todo lo que dejó en Irlanda y sobre el transcurso del tiempo. Una novela sobre la juventud y su pérdida, sobre los momentos que vivimos sin saber que configurarán las claves de nuestro futuro.


Ya os comenté hace unas semanas que tengo muchas reseñas pendientes. Y quiero sacarlas todas lo antes posible, pero no sé de dónde rascar el tiempo porque no me da para más. A eso hay que añadir que algunos libros requieren sentarse con tranquilidad para intentar transmitir lo que realmente quieres transmitirAcantilados de Howth es uno de esos libros. 

Realmente yo llegué a este libro por el título hace ya tiempo aunque no ha sido hasta hace unos meses que lo he leído (sí, meses... antes de Navidad... hasta ese punto llega el retraso). Soy una apasionada de Irlanda, y leer esos acantilados en el título irremediablemente me atrajo con cantos de sirena. No sabía muy bien qué iba a encontrarme, pero sabía que tenía que leerlo. Y a día de hoy, con el tiempo transcurrido, tengo escenas del libro todavía presentes en la memoria. Detalles, destellos, situaciones, conversaciones... el alma que mueve al libro todavía sigue ronroneándome en la cabeza. Porque ese alma es muy común a una generación, ya no solo en cuanto a edad, sino en cuanto a vivencias. No en todas, obviamente, porque las experiencias personales son eso, personales, pero sí que hay cosas en común a ciertas situaciones, y creo que cualquiera que haya vivido en el extranjero a los veintitantos se habrá visto reflejado en muchas cosas que se narran en el libro, que es lo que a mí me ha ocurrido... Y en la vuelta a casa y a la rutina de cumplir lo que se espera de ti. Es un libro muy auténtico, creo que es la mejor manera de definirlo.

Si digo que estamos ante una novela que desmenuza la crisis de los 30 con el desencanto que da el estar donde debes estar, donde la sociedad/familia/vida te dice que debes estar, pero no donde quieres o te gustaría (y no hablo en un sentido estrictamente físico, naturalmente), creo que resume la base sobre los que se sustentan los cimientos de la historia. Pero es mucho más que eso. En esa base también están las decisiones que hemos tomado en la vida, buenas y malas, que nos han llevado a ser como somos y a recorrer caminos muchas veces equivocados que nos han alejado de lo que realmente queremos ser; la necesidad de cumplir las expectativas de los demás, que raras veces coinciden con las que albergamos para nosotros mismos; la presión que sentimos llegada una cierta edad para cumplir unos estándares que no nos alejen de una normalidad que la sociedad establece y que difícilmente es la más adecuada para todo el mundo. Lo que es bueno para muchos no tiene por qué ser bueno para todos, pero no siempre tenemos la libertad de escoger... o somos nosotros mismos los que tenemos miedo de hacer uso de ese albedrío.

Un trabajo estable y monótono que aunque odies y esté muy por debajo de tu potencial te aporte un salario, una pareja también estable no vaya a ser que se te pase al arroz, la compra de un piso aunque vivas hipotecado de por vida porque es lo que toca... Ricardo, nuestro protagonista, acaba de cumplir los treinta y ha seguido y obedecido cada uno de esos parámetros que la sociedad esperaba de él llegada esa edad. Pero no es feliz, su mujer tampoco lo es, y el día que ella le abandona dejando solo una nota, Ricardo empieza a repasar su vida desde la Universidad y su primer amor, hasta que, tras ganar un premio de poesía y sin saber muy bien qué hacer con su vida, decide hacer las maletas y poner rumbo a Dublín para perfeccionar el idioma y vivir experiencias que le estarán vedadas una vez tenga que "sentar la cabeza". Así, alternando presente y pasado, Ricardo reflexiona sobre lo que tiene actualmente y lo que es, y lo que una vez fue, tuvo y dejó escapar. 

La narración se nutre de todos esos gestos, instantes, decisiones, mentiras, verdades y sentimientos que pasan fugaces en nuestra juventud sin ser apenas conscientes de ellos, sin tener idea de lo importantes que son en su propio presente, de lo mucho que podrían significar para nuestra vida futura. Pocas veces nos damos cuenta de cómo se nos escurren entre los dedos y solo es con el paso del tiempo que les damos el valor que merecen, que nos arrepentimos de no habernos agarrado fuertemente a ellos y empezamos a elucubrar con el "y si hubiera...".

El paso de Ricardo por Dublín no es solo el testimonio de cualquier joven que se va con veinticinco años al extranjero y tiene que ganarse la vida al tiempo que crea un nuevo círculo social e intenta adaptarse a un entorno que le es completamente desconocido... es recordar lo que tuvo al alcance de la mano y dejó escapar por inmadurez, por egoísmo, por falta de compromiso, por querer beberse todo lo que tenía al alcance de la mano sin pensar en las consecuencias de sus actos. Los acantilados de Howth que dan título al libro tardan en cobrar sentido como frase definitoria de la historia que encierra. Lo esperas, esperas el momento en que delimiten qué significan esos acantilados en la vida de Ricardo. Y cuando llegan, cuando ves que suponen el principio y el final para él, el momento en que se da cuenta de lo que tiene y justo el momento en que paga por sus errores, comprendes que es un título magnífico para el libro porque es en ese instante donde se condensa y explosiona el peregrinaje de Ricardo a lo largo de todas sus páginas: estaba perdido cuando creía que se comía el mundo y sigue perdido ahora cuando el mundo le come a él.

No puedo terminar sin resaltar la conversación que gira en torno a las hermanas Brontë, ya no solo por la agradable e inesperada sorpresa que supuso para mí encontrarme con ella en la narración ni por lo mucho que dice del personaje que la protagoniza, sino porque me sentí muy identificada. No llego hasta ciertos puntos que se narran en la historia, pero soy de esas... soy de las que se va a otros países siguiendo la estela de los autores clásicos que ama y que abandona las tierras que ellos pisaron con la piel de gallina. La historia ya me estaba encajando en muchos aspectos, pero creo que fue ahí donde hizo el click absoluto.

En definitiva, en Acantilados de Howth nos encontramos con un personaje real que vive una vida real y comete errores reales. Nada de artificios, nada de imposturas, nada de rizar el rizo. Situaciones reales, vivencias auténticas y un personaje que podría ser cualquiera de nosotros en sus zapatos, acompañado de una serie de personajes que en algunos casos nos pueden resultar más ajenos pero que no dejan de cumplir su cometido (en el lado femenino además de una forma muy marcada... Ula e Isabel no podrían ser más diferentes). No pretendo decir que sea un libro perfecto, tiene sus altibajos, pero es de esos libros que te invitan a quedarte con lo que te aportan obviando un poco todo lo demás, que encierran una de esas historias que tienen ese algo especial que te hace empatizar con ellas y sentirte identificado en muchos aspectos. También admito que probablemente no todo el mundo conecte de igual manera con lo que se narra, pero leí este libro hace ya unos meses y no me ha hecho falta abrir sus páginas ni una sola vez para hacer la reseña y recordar todo lo que quería decir sobre él. Supongo que eso resume un poco mi sentir general hacia esta historia.

David Pérez Vega (Madrid, 1974) empezó a estudiar Ciencias Físicas. Cuando se le quedaron cortos los espacios de dimensiones infinitas de Hilbert, decidió cambiarse a Administración y Dirección de Empresas. Llegó a trabajar como auditor de cuentas en una conocida multinacional, pero, a pesar de la propaganda que aseguraba que la suya era la mejor empresa del mundo, pronto llegó a la conclusión de que cenar un sándwich extraído de una máquina a las doce de la noche sobre un ordenador no podía ser el éxito.

Actualmente da clases en bachiller y secundaria. 

Ha publicado Los insignes (2015) con la editorial Sloper, y con Baile del Sol las novelas El hombre ajeno (2014), Acantilados de Howth (2010), y los poemarios El bar de Lee (2013) y Siempre nos quedará Casablanca (2011).

Si queréis leer la reseña que hizo mi compi MB de Koundara (2016), su última publicación, pinchad AQUÍ.


Podéis leerle también en su blog -> Desde la ciudad sin cines

jueves, 16 de marzo de 2017

RESEÑA (by MH) ::: LA JOVEN EMMA - William Henry Davies




Título original: Young Emma
Autor: William Henry Davies 
Editorial: Defausta (colección Orígenes)
Traducción e introducciónSusana Prieto Mori
Posfacio: George Bernard Shaw
Páginas: 187
Fecha de publicación original1980 (escrito en 1924)
Fecha esta ediciónseptiembre 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16,50 euros 
Imagen y diseño de cubierta: Alan Lagadu / Alicia Geijo
Ilustraciones autores: Francisco Geijo Rubio

Londres asiste con perplejidad a la hecatombe de la I Guerra Mundial.

William Henry Davies, ahora convertido en una celebridad literaria, fantasea con una vida retirada en el campo junto a una mujer. Esta fantasía se convertirá en objetivo irrenunciable tras conocer a la joven Emma, una joven de pasado problemático con la que se encuentra durante un paseo nocturno por las calles de la ciudad.

Un testimonio inestimable y libre de prejuicios de las costumbres sexuales de su tiempo. Una mirada única hacia el territorio siempre resbaladizo de lo íntimo.

El galés William Henry Davies era, ante todo, poeta. O más bien podría decirse que su fama, la que le abrió los círculos literarios londinenses, se debió principalmente a la poesía. Pero también escribía en prosa, estilo que usó para escribir su varias obras autobiográficas. La editorial Defausta se ha propuesto recuperar a este autor en castellano y, tras Autobiografía de un Súper Vagabundo, editaron a finales del año pasado otra delicatessen de su obras biográficas, La joven Emma (no sé qué haríamos sin estas emergentes editoriales independientes que recuperan autores que han quedado suspendidos en el limbo del olvido durante años y que bien merecen un hueco en nuestras estanterías).

Leer las palabras autobiográficas de Davies supone adentrarse en el mundo del autor sin cortapisas ni muros que separen lo público de lo privado. Se cuenta todo, sin más. Davies lo cuenta todo. Su sinceridad, su transparencia, la sencillez y honestidad con la que narra cada uno de sus pensamientos, cada una de sus vivencias, incluso aquellas que cualquier otra persona por vergüenza intentaría ocultar o disfrazar, hacen que como lector le atiendas con un interés rayano en la confidencia. El autor se desnuda ante el lector de un modo tan natural y tan humano, pleno de las contradicciones que nos definen como seres racionales, que el lector le observa sin juzgar ninguno de sus actos, y podría decirse que se establece una relación íntima y franca entre ambos.

W.H. Davies, como persona, era peculiar. Auténtico. Un tanto excéntrico. Vivió como un vagabundo durante su juventud (etapa que narró en el libro que comento arriba ya editado por Defausta) y se autopublicó su primera obra de poesía cuando ya sobrepasaba la treintena; siguió viviendo como un vagabundo, mandaba copias a potenciales lectores pidiéndoles que le mandasen a vuelta de correo lo que costaba el libro... Estas excentricidades, entre otras muchas, le hicieron ganarse poco a poco un hueco entre la élite literaria londinense. Pero era eso, una extravagancia; se le aceptaba como una curiosidad. Él lo sabía, estaba conforme y lo necesitaba para vivir. Pero amaba la naturaleza, la soledad, y su anhelo secreto era encontrar una buena mujer, casarse con ella e irse a vivir a la tranquila campiña inglesa. Y esa mujer debía ser tan sencilla, tan despegada de lujos y caprichos, tan como él, que sabía que no podría encontrarla entre las mujeres que conocía en los salones que solía frecuentar. Las mujeres que a él gustaban, le rechazaban... las que él no quería eran las que le aceptaban. Buscaba algo tan concreto que le costó mucho decidirse, y él quería volar, alejarse de Londres, de todo aquello que realmente le importaba más bien poco.

Y en ese punto nos encontramos cuando comenzamos a leer su testimonio. Durante la vorágine de la Gran Guerra, Davies busca a su futura esposa en las calles de Londres, donde muchas esposas e hijas (con sus maridos, hermanos y padres en el frente) deambulan solas en busca de un hombre que les proteja y mantenga hasta que sus familiares vuelvan (si es que vuelven). Con el transcurrir de las páginas conocemos a varias mujeres que se cruzan en su vida con escasa fortuna hasta que, al bajarse de un autobús, Davies atisba a Emma, la joven que da nombre a esta autobiografía. Gracias a todas ellas, o a pesar de todas ellas, el autor habla de amor, sexo, confianza, decepciones, cariño, miedos, recelos, temores, sus anhelos más íntimos e incluso de enfermedades de transmisión sexual, algo totalmente atípico e inusual para la época. 

Lo que narran estas páginas es tan tierno, franco y contenido, tiene tanta calidad en su narrativa, es tan elegante a pesar de los temas que aborda, que sabes que estás ante un grande que nunca quiso serlo y siempre huyó del bullicio en el que supuestamente debía moverse un escritor de su fama. Quería retiro y una mujer buena a su lado (pero sin perder su prestigio literario, que al fin y al cabo era lo que le daba de comer), y lo plasmó así, tal cual, escribiendo lo que quizás es el mayor logro de su carrera.

Es muy difícil valorar esta lectura sin mencionar tanto el fantástico prólogo de la editora (y traductora de la obra), Susana P. Mori, como el posfacio que nos muestra la carta de George Bernard Shaw al editor que poseía el manuscrito, así como la introducción del propio autor donde nos explica el por qué de lo que va a contarnos, porque esta tríada es la que verdaderamente consigue que entiendas el libro que tienes en las manos, que ubiques la situación personal de Davies en aquellos años, que comprendas el por qué de su escritura, las circunstancias que la provocaron, los escrúpulos (no exentos de engaño por parte del editor) que hicieron que estás páginas se guardasen en un cajón durante 60 años... y que adivines al autor en sí, un personaje tan peculiar, tan ajeno a las convenciones sociales, que muchas veces cuesta recordar que estás ante un testimonio real y honesto de intimidades que muchas veces quedan (o deben quedar) entre las cuatro paredes del hogar que acoge a una pareja... tan real y honesto que cuesta creer que lo plasmase en palabras con tanta clase y lo entregase a un editor para que, llegado el momento, pudiese leerlo todo aquel que quisiera... tanto cuesta creerlo que, efectivamente, terminó arrepintiéndose.

Mori, en el prólogo, desvela que Davies mandó la obra a su editor, se arrepintió porque no quería ver expuesta a su esposa, pidió que le devolvieran su manuscrito... pero a la vista está que su editor se guardó un as en la manga y, un año después de morir su esposal había fallecido muchas décadas antes), este testimonio fue encontrado y vio la luz.

Os dejo con estas palabras de George Bernard Shaw, que definen a Davies mejor de lo que yo pueda hacerlo. La joven Emma quizás no sea una lectura para todo el mundo, pero quien sí la lea conocerá a Davies sin trampa ni cartón, abierto en canal ante el lector. Y no se arrepentirá.
Un testimonio asombroso: la crónica de un adulto vigoroso, valiente, imaginativo y particularmente talentoso, con una gran experiencia de la vida civilizada en los mejores círculos literarios de Londres y la perspectiva de un chico barriobajero de seis o siete años. 




El escritor y poeta galés William Henry Davies (1871-1940) pasó su juventud recorriendo Norteamérica y Gran Bretaña como vagabundo. Logró reconocimiento como poeta y fue una célebre figura literaria de su tiempo.

Como gran amante de la naturaleza, la vida en la gran ciudad le angustiaba. A los 51 años se casó con una joven que conoció en las calles de Londres y se retiró al campo. Allí llevó una vida tranquila hasta su muerte.